racterística del gran escritor eslavo, una de las más discutidas de sus obras, y la preferida, como se sabe, de su autor, que depositó en ella sus más caras ilusiones. Con influencias tal vez de Tolstoi, bajo la figura del príncipe Michkin, el inocente, que "se ha vuelto como un niño", según el precepto evangélico, se han reconocido, en efecto, muchos rasgos comunes con su autor, entre ellos la enfermedad sagrada: la epilepsia, que le sirve para justificar muchas de las reacciones de este temperamento singular. No nos detendremos en explicar al lector los grandes méritos de la obra, universalmente reconocidos, pero si querernos ofrecerle la mejor síntesis de la idea fundamental que la inspiró y la mejor guía para su comprensión en estas breves palabras de M. de Vogüé, extraídas de su estudio sobre El Idiota. "La idea madre de la obra —dice aquel escritor—, es la siguiente: un cerebro, atacado en algunos de los resortes considerados por nosotros como esenciales y que no nos sirven sino para el mal, puede permanecer superior a los demás, intelectual y moralmente, sobre todo moralmente. Dostoyevsky ha imaginado un tipo muy próximo al inocente del campo ruso, al santo popular, tal como lo beatificaba la piedad de la Edad Media; el escritor ha reconstruido ese tipo con las virtudes de la psicología, le ha elevado muchos grados en la escala social; le ha situado en medio de la existencia moderna más complicada, y ha querido que esa criatura inacabada juntase en ella la preeminencia del espíritu a la de la virtud. Ha querido más aún, y para medir toda la audacia de su idea es preciso indagar la génesis de El Idiota. Según mi opinión, puede establecerse casi sin ninguna duda que el escritor ha pensado ante todo en Don Quijote. D
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